blog de Rebeca Martín Gil

lunes, 15 de diciembre de 2014

Poema - Ella bailaba

Ella bailaba la vida y la muerte,
señora de la guerra y del amor.
Ella bailaba, ingrávida, con sonoras caderas.
Ella bailaba, bailaba descalza;
el mundo rendido a sus pies.
Ella bailaba y giraba, y reía.

El mar vigilaba callado, a lo lejos;
las montañas aullaban al oír su olor.

Ella bailaba. Todos pensaban en ella,
todos la rodeaban
y veneraban su ombligo, sus vaivenes.
Una lucha constante por coronarla,
por poseerla, a ella, la única,
que se desvanecía al ser tocada,
que bailaba y reía. Que bailaba.
Manos, tantas manos en las caderas…
A cada cosa su Dios.

Ella bailaba, bailaba, bailaba.

Hasta el fin de los tiempos, ella bailó. 

jueves, 4 de diciembre de 2014

relato en e-DitARX




Próximamente, aparecerá en el libro Relatos en un reloj de arena (volumen II), de Publicaciones Digitales e-DitARX, mi relato Confesiones de una reina, sobre los últimos minutos de vida de Ana Bolena. 


martes, 25 de noviembre de 2014

Selva de noviembre - Alberto de Frutos Dávalos


Selva de noviembre obtuvo el Premio Blas de Otero, convocado por la UCM, en 2002. Se trata de un poemario amoroso, precedido por unos versos de Luis Cernuda donde habla de un paraíso perdido.

Este paraíso perdido, en el poemario que nos ocupa, es el del amor que se rompe en noviembre. El escritor y periodista madrileño Alberto de Frutos Dávalos, en este libro unitario, retrata una despedida; nos presenta a unos amantes que, con la caída de la hoja y la llegada de la lluvia, deben separarse. La amada en noviembre partirá y diciembre será la constatación de la soledad del poeta, que quiere alargar el tiempo por todos sus medios:  “y por eso, aunque sé que es noviembre, quiero que sea más noviembre”. El poema Después de noviembre arranca con esta realidad: “Después de noviembre, será la ausencia, / volverá la enfermedad de las mañanas”.

Hay constantes alusiones al cine (desde el madrileño Cine Doré hasta Kubrick, pasando por Lo que el viento se llevó) y a la música (el brillante poema Sinfonía de las pisadas, en otros poemas habla de arias, de pianos, de Sinatra). Estas referencias a otras artes las vemos en otras obras de de Frutos como Réquiem (poemario de 2003 que sigue el ritmo de Mozart). Es un poemario urbano, donde están presentes el metro, los soportales, el asfalto… De Frutos, que en los últimos años ha publicado sobre todo libros de relatos (Utopías, La soledad dejó de ser perfecta, Familias estructuradas…), ofrece con Selva de noviembre un poemario de estructura circular, que arranca y termina con la tortura punzante de la despedida. Una obra que, a pesar de los versos que la preceden de Cernuda, nos hace recordar el Largo lamento de Pedro Salinas. 


domingo, 7 de septiembre de 2014

Viaje a Nápoles - Emilio Sola


El asturiano Emilio Sola se refiere a sí mismo como “profesor, escritor y extabernero”. Obtuvo el Premio Café Gijón de novela en 1984 por Los hijos del agobio. Previamente, había sido accésit del Adonáis de poesía por La isla.

A raíz de una visita a Italia en 2002, escribió un poema sobre sus calles que ha editado Ochoa y Lanza recientemente, Viaje a Nápoles. En él describe las calles de la ciudad italiana, y, sobre todo, sus muros y las palabras que en ellos se apoyan, integrando el habla coloquial, la expresión popular, en sus versos. Mientras los transeúntes pasan de largo, Sola se detiene a contemplar las luces y las sombras de Nápoles a primera hora de la tarde, sus pobladores (mendigos, “jipis”, niños que regresan de la escuela, vendedores ambulantes negros), el altar a Maradona… La ciudad se integra en el poeta, pasa a formar parte de él, y en sus diálogos con el sol que va y viene reflexiona sobre el paso del tiempo, sobre las palabras, sobre la belleza, sobre la vida en general:

“Y uno piensa. Aún. Que no importa si ya no vuelve
pues ha sido tanto aquí que no importa. Risas.
La plaza en sombra. Hay que moverse. Ir. Seguir. Tal vez

no volver.”

martes, 19 de agosto de 2014

Ayer no más - Andrés Trapiello



En Ayer no más (2012), vemos cómo se aborda el tema de la Guerra Civil (aunque no es un libro más sobre la Guerra Civil) desde el punto de vista de unos profesores universitarios de provincias vinculados a los movimientos de Memoria Histórica. En un momento en que parece que las novelas valen por su peso, se agradece la justa extensión de la de Trapiello.

La novela arranca cuando el protagonista, el profesor y hombre de izquierdas Ángel Pestaña, descubre por casualidad que su padre, falangista, participó en el asesinato de un hombre delante de su hijo por el simple hecho de tener un hermano en el bando contrario. 

Desde un punto de vista múltiple, observamos las rencillas de un departamento universitario (endogamia, arribismo…) y cómo los horrores los perpetraron, durante la guerra, ambos bandos, obligando a muchos ciudadanos a decidir de qué lado estaban en función de qué le había ocurrido a algún familiar cercano.

martes, 5 de agosto de 2014

La buena letra - Rafael Chirbes


Si bien Rafael Chirbes (Tabernes de Valldigna, 1949) se ha consagrado con sus últimas novelas, Crematorio (2007) y En la orilla (2013), sobre los desmanes del urbanismo costero, se trata de un autor de larga trayectoria, que ya en 1992 publicó una brillante y breve pieza, La buena letra. En ella, la narradora, anciana, evoca en unas memorias a su hijo el pasado familiar, siendo testigo (y  víctima) del miedo, el hambre y la humillación de la guerra y la posguerra. 
La buena letra muestra la oposición entre Ana y su cuñada (o sus cuñadas), aunque pronto la trama ofrece una lucha consigo misma y sus circunstancias. La novela, en muchos momentos, insinúa más que cuenta. Es el lector quien debe encajar las piezas para construir la evocación de un lugar y de un tiempo que ya no son iguales, transformados por el paso de los años y por nuevos proyectos urbanísticos. 
La buena letra es una novela dura, tanto en el pasado referido como cuando deja intuir su presente, con una hija amargada y un hijo y una nuera con los que no se entiende.

martes, 27 de mayo de 2014

Mercè Rodoreda - Entrevistes

La Fundació Mercè Rodoreda recogió, en un volumen publicado en 2013 y editado por Abraham Mohino i Balet, las entrevistas realizadas a la dama por excelencia de las letras catalanas desde 1966 hasta su fallecimiento en 1980.

Distintos periodistas ofrecen su visión de esta mujer nacida en la Barcelona de la Semana Trágica, escurridiza, delgada y pequeña, tímida, de cabellos blancos (encanecidos prematuramente) y ojos azules, de mirada infantil, aficionada al tabaco negro (“no me gusta fumar, sino encender el cigarrillo”, confiesa a Josep Carles Rius en 1982), bebedora ocasional de whisky, introvertida, vestida siempre de negro, de mal carácter, de voz grave y ligeramente rota, temerosa de la gente, aislada en su refugio de Romanyà de la Selva después de su regreso a Catalunya tras su exilio ginebrino.

A Josep M. Pàmies (1980) le confiesa: “Soy y siempre he sido una persona asocial. Recuerdo que cuando era pequeña y llegaba gente a casa, cogía un libro y me marchaba. Esto disgustaba a mi madre.” De su infancia, le gusta hablar de su abuelo, “lletraferit”, que mandó hacer un monumento a Jacint Verdaguer en el jardín de su casa, y que colgó en sus muros versos de Aribau.

Sus personajes son unos desengañados: sus novelas y relatos parten de un principio feliz que se va resquebrajando. Los críticos de Serra d'Or eligieron su novela La plaça del diamant como la mejor novela catalana de posguerra.

A Baltasar Porcel le responde que sus personajes no son bobos, sino gente. “La gent beneita m'esgarrifa. M'encanten, en canvi, els innocents.” Le explica que se inspiró, para el jardín de los Valldaura de Mirall trencat, en el jardín del Marqués de Casa Brusi, cerca del cual ella vivía de pequeña, destruido en 1936 al parcelarlo y ponerlo en venta sus herederos.
Junto a la escritora y periodista Montserrat Roig, el lector descubre a una mujer triste, llena de nostalgia, que reconoce el choque de regresar a Barcelona y no reconocer sus calles y ver que los seres queridos están muertos o en el exilio. Con ella camina por el parque de Monteroles, escenario de Aloma, novela con fuerte carga autobiográfica. La conexión con Montserrat Roig llega hasta el punto de que Rodoreda asegura a Lluís Bonada (1975), que es a la joven escritora catalana que ve con mayores posibilidades.

El amplio abanico de entrevistas que ofrece el libro (recoge dos televisadas, la del programa A fondo, de Joaquín Soler Serrano, a quien estuvo dos años dando largas porque le daba pánico aparecer en televisión, y una póstuma para TV3, con Mercè Vilaret) permite al lector de Rodoreda conocer más a fondo a esta personalidad frágil (o quizá no tanto) que supo plasmar, como nadie, la ingenuidad y el desengaño en la ficción catalana de posguerra.